A Paso front

A paso de res reúne una serie de relatos que avanzan con la lentitud y la firmeza de la vida rural: historias contadas desde la tierra, el polvo y la memoria. La mayoría de ellas tienen su origen en San José de Potrerillos, comunidad perteneciente a Jocotepec, Jalisco, un territorio donde el campo no es un paisaje decorativo, sino el destino, la condena y el refugio de los personajes.
En estos textos, José Guadalupe Rojas construye un universo marcado por la pobreza, la fe, la violencia callada y las pequeñas esperanzas que apenas alcanzan para seguir andando. Con una prosa de raíz oral, sobria y profundamente verosímil, los cuentos recuperan voces campesinas que narran duelos, pérdidas, venganzas, desapariciones y silencios heredados.
Aparecen padres y abuelos, animales y cerros, caminos reales, capillas, aguajes y potreros, todos cargados de una intensidad humana que no necesita estridencias. Cada historia se sostiene en la dignidad de lo mínimo y en una mirada que no busca juzgar: solo dar testimonio.
A paso de res es un libro que avanza despacio, pero deja huella; una memoria rural hecha literatura, donde el lector avanza con el fardo del pasado a cuestas y los ojos puestos en un horizonte incierto.

José Guadalupe Rojas

Nací un 15 de marzo de 1961, en Ajijic, Jalisco. Pero cuando tenía un año nos regresamos a nuestro pueblo, San José de Potrerillos, donde pasé mi infancia. Allí terminé la primaria y la mitad de secundaria, debido a que, por falta de alumnos, tuvieron que cerrar las puertas de la secundaria.
A los dieciséis, como todos los muchachos de mi pueblo, me fui para Estados Unidos. Regresé y me volví a ir por segunda vez. Cuando volví, encontré una persona con quien formar una familia; con ella tuve tres hijos: Aharon, Hernaldo y Guadalupe Ramón. Pero aún seguí con mis constantes idas hacia el país vecino. Allá me desempeñé en muchos oficios, como lavaloza, cocinero; en el campo también trabajé, anduve de camionero e inclusive llegué a ser chef de una cadena de tres restaurantes.
En 1994 dejé mis constantes idas y me instalé en mi pueblo. Seis años después emigré a la ciudad de Guadalajara, con la intención de que mis hijos estudiaran. En realidad he sido un mil usos, porque aquí trabajé vendiendo tacos; también anduve trabajando de chofer de transporte público, de vendedor de casas —aunque en realidad en más de tres meses no vendí nada— y ahora me dedico a chofer de plataforma.
Bueno, por lo pronto es todo. Espero que les gusten estos relatos y, si no les gustan, no les digan a los demás para que también caigan.

Rojas, José Guadalupe (2026). A paso de res. Página Seis.

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